Historia de los inmigrantes turcos en Alemania

Este artículo tiene el propósito de informar sobre una serie de preguntas, prejuicios y errores en cuanto al tema de la presencia masiva de inmigrantes turcos en Alemania. El motivo de su redacción es la multitud de problemas sociales, económicos y políticos que causa este hecho y la falta de información que en la mayoría de los comentarios y discusiones se puede observar en Alemania misma y en el extranjero.

El número exacto de extranjeros que viven en Alemania en la actualidad no es conocido. Las instituciones responsables de la República Federal Alemana no publican cifras fidedignas al respecto porque temen la reacción de los alemanes, y las estadísticas que a veces se dan en los medios no son confiables porque personas que no dominan suficientemente la lengua alemana y que no tienen nada en común con los habitantes aborígenes firman como ciudadanos alemanes por tan sólo poseer un pasaporte alemán. De tal manera, mientras que las fuentes oficiales hablan de 3 a 4 millones de turcos en Alemania, un número de 8 a 10 millones es más probable (y aquí no se toman en cuenta las otras nacionalidades). En Berlín y en las grandes ciudades del oeste de Alemania, barrios enteros son habitados mayoritariamente por personas no alemanas, especialmente por turcos. El número creciente de mezquitas, de bancos, tiendas, agencias e instituciones públicas que ofrecen servicios en turco y alemán, o ya solamente en turco, también puede servir de indicador.

Cómo no debería sorprender, la convivencia de dos o más grupos étnico-culturales y/o religiosos crea una multitud de conflictos, especialmente si estos grupos no comparten el mismo idioma y los mismos valores y objetivos. De tal manera, los alemanes no estiman cosas como el degollar animales conforme al rito musulmán, la poligamía, el matrimonio de menores y la elección del cónyuge por los padres. Muchos turcos tienden a considerar mal a mujeres con un comportamiento que según sus valores es impúdico (es decir, que no portan el velo, que tienen relaciones pre-matrimoniales, etc.) y se sienten discriminados por tradiciones y costumbres alemanas como, por ejemplo, la oferta de carne de cerdo y de cerveza en comedores públicos.

En los medios de comunicación y en discusiones privadas, muchas veces se puede escuchar que los alemanes discriminan a los turcos, quienes son presentados como víctimas. Si por discriminación se entiende que cada vez más alemanes articulan su descontento por una convivencia inevitablemente conflictiva, sí se puede afirmar que hay tal discriminación. Sin embargo, hay que tomar en cuenta, que los alemanes se ven forzados a aceptar que los inmigrantes impongan su modo de vida y que ocupen espacios urbanos y públicos, convirtiéndolos en enclaves turcos dentro de la misma Alemania.

La presencia masiva de personas que no tienen el alemán como lengua nativa y que tienen otro contexto cultural y religioso que el cristiano y europeo es un fenómeno relativamente nuevo que solamente se conoce a partir de los años 1960. Los primeros extranjeros que vinieron en esta década no vinieron como inmigrantes, sino como trabajadores temporales bajo condiciones estipuladas detalladamente con los países de origen: Grecia, Italia, España, Portugal y, un poco después, Turquía. Este hecho ya ayuda a corregir dos mitos que hoy en día se cuentan frecuentemente, y es que se escucha que Alemania necesitaba la mano de obra y que los turcos ayudaron a reconstruir Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Las dos aseveraciones son falsas. Las primeras personas que reconstruyeron el país en ruinas y ocupado por los aliados después de la guerra fueron las así llamadas “mujeres de escombros” alemanas (Trümmerfrauen; informaciones más detalladas acerca de este período histórico se encuentran en el artículo ¿Tiene Alemania la culpa de los problemas de España y Grecia?). Por 1955, 10 años después de la guerra, ya no quedaban escombros, y el “milagro económico” (Wirtschaftswunder) alemán ya había empezado. Como millones de refugiados de Prusia y Silesia (territorios que habían sido anexados por Rusia, Polonia y Checoslovaquia, y donde la población alemana había sido expropiada y expulsada) tuvieron que encontrar vivienda y trabajo en el oeste de Alemania, abundaba la mano de obra y había escasez de viviendas. Por 1960, Alemania ya podía exportar bienes al extranjero y gozaba de una situación de pleno empleo, ideal para cualquier sistema político porque excluye una de las fuentes de descontento principales (hoy en día, el desempleo es el probelma interior más arduo en todos los países europeos).

¿Quién tenía interés en “invitar” a trabajadores extranjeros en esta situación? Respuesta: Las empresas, que podían bajar el nivel salarial gracias a la abundancia de mano de obra barata, y los países de origen, que todos tenían mucha tensión interna por el problema del desempleo y de la pobreza.

Habiendo acogido ya a una multitud de trabajadores de Grecia, Italia, Portugal y España desde 1960, el Gobierno alemán no quería aceptar más trabajadores de Turquía al inicio, personas con un nivel de educación en promedio muy bajo y con una religión diferente. Sin embargo, Turquía pudo forzar a Alemania para recibir a estas masas (más de 1,2 millones en los siguientes diez años) en 1961 porque recientemente había entrado en la OTAN, donde se consideraba un miembro de peso por su posición estratégicamente importante. Con el argumento de sentirse discriminado por no obtener lo que se daba al vecino griego, el Gobierno turco apeló a EEUU para obtener este favor en recompensa de sus servicios como miembro de la OTAN. Alemania tuvo que ceder, sin embargo con la condición de que los trabajadores turcos tuvieran que volver a su país después de dos años (los textos de los contratos entre Alemania y los diferentes países se encuentran aquí). En la mayoría de los casos, esta parte del contrato no se cumplió; los trabajadores “visitantes” se convirtieron en inmigrantes.

En 1971, se disolvió el convenio entre Alemania y Turquía. No obstante, el número de inmigrantes turcos sigue aumentando hasta el día de hoy, y esto a pesar de que ya existe un problema de desempleo grave desde los años 1980 (tanto más relevante para los turcos que en su mayoría tienen un nivel de educación inferior al alemán: esto se traduce por el hecho de que los turcos, que oficialmente constituyen el 5 % de la población, oficialmente reciben el 40 % de la ayuda social en Alemania) y a pesar de que los turcos supuestamente sufren discriminación en Alemania. ¿Por qué? Alemania con su sistema de ayuda social es un paraíso para la gran mayoría de los inmigrantes no-europeos. Lo que les paga el gobierno alemán en caso de despempleo es más que lo que ganarían en su país de origen, trabajando duramente. ¿Por qué van a intentar dominar el alemán y subir su nivel educativo entonces? ¿Por qué van a integrarse si tanto se acusa a los alemanes de su “responsabilidad por los crimenes de los nazis”? Toda una industria de los “derechos humanos” les ayuda a reclamar este dinero, y las articulaciones de descontento por parte de los aborígenes alemanes, que pagan todo el sistema con sus impuestos, se declara sencillamente como “racismo”. (Para lectores que no disponen de conocimientos detalladas de la situación política en Alemania y Europa desde la Segunda Guerra Mundial, la existencia de tales abusos puede parecer increíble. El ya mencionado artículo ¿Tiene Alemania la culpa de los problemas de España y Grecia? ayuda a entender el asunto.)

Aclaración: Por brevedad y por tratarse de una tendencia general, este artículo inevitablemente ofrece generalizaciones. Existe, por supuesto, un número de turcos en Alemania que domina bien el idioma, que dispone de cierto nivel de educación, que trabaja y que no causa ningún tipo de problemas a sus conciudadanos. Muchos de ellos tienen conciencia de los problemas descritos arriba.

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